Por esos cerros

Texto: Jesús C. Palomo
Ilustración: Juan E. Latorre

 

Por esos cerros viene volando, apurando cielos que surcar. Siempre busca lo más bello donde posar la cabeza y por supuesto, soñar. En Úbeda lo tiene fácil, tejados de rancio abolengo, espadañas y torres de tiempos pretéritos, viejos palacios y nuevas sensaciones la aguardan con la cierta displicencia que da el existir en la belleza. Recorre los campos con prisa por llegar en pos del viento hacia su descansar, aunque sea por unos minutos, aunque sea por un instante, siempre en la plaza de Vázquez de Molina y los cercanos olivos en mar.

 

Iglesia 'El Salvvador' - Ilustración de Juan Eduardo Latorre Gálvez
Iglesia de el Salvador de Úbeda. Juan E. Latorre.

 

El sueño y empeño de aquel ubetense poderoso se hizo carne de piedra, de la mejor piedra y de los mejores padres. El sueño tuvo vocación centenaria, milenaria, para toda la eternidad. La piedra tuvo origen renacentista en canteras de sueños. El padre tuvo el genio que aporijó la Arquitectura. Francisco de los Cobos descansa en su propia pirámide de nacimiento español pero de renacimiento andaluz. El padre, Siloé, pronto la dejó huérfana. El verdadero padre, el que meció la cuna con mano diestra, Vandelvira, le hizo ver la luz de los inmensos atardeceres perdidos allá a lo lejos, en los campos de Baeza, aquéllos que Machado soñaría cuando no los viera.

Por esos cerros viene volando, viene volando mi imaginación que dice:

Hanna, de la Orquesta Filarmónica de Lübeck (Lubeca, por mejor decir), músico e hija de músicos, llevaba sólo una noche en Úbeda. Su orquesta iba a participar en el prestigioso FeMAUB, Festival de Música Antigua que todos los años se celebra entre Baeza y Úbeda, haciendo valer el famoso (y apropiado) cliché de “música maravillosa en un marco incomparable”. Hanna tras el desayuno matutino, había decidido dar una vuelta por la ciudad. Poco había visto al llegar, además de noche, tras vuelo y autobús. Decidió ir hasta el lugar donde esa misma tarde se celebraría el concierto. Miró el programa: Sacra Capilla de El Salvador del Mundo. Como buena lubequesa, Hanna estaba acostumbrada a recias iglesias medievales, (las de la”corona de Lübeck”, las siete torres de sus seis iglesias), pero aún así le sobrecogió lo que vio. La capilla, enmarcada entre palacios de bellas proporciones, mostraba su esplendor a la luz de Andalucía, tras la fuente de taza que reflejaba un cielo azul. Para una violinista como ella, de sensibilidad entrenada en pentagramas, supo apreciar su bella visión. Decidió visitarla antes de los preparativos del concierto. Compró su entrada y recogió la audioguía que en perfecto alemán le explicó: ”Capilla exenta, panteón funerario de Francisco de los Cobos, secretario universal del emperador Carlos V, cuya construcción sublima el simbolismo funerario, como por ejemplo la rotonda que evoca el Santo Sepulcro. Siloé la trazó, Vandelvira la ejecutó y diseñó la sacristía y las portadas laterales, estando a la altura de la mejor arquitectura renacentista mundial. Las torres circulares de los extremos hacen alusión simbólica a la muerte y la subida a los cielos. La escultura se encargó al francés Jamete que dio forma a la simbología en torno a la muerte. Los escudos de los fundadores, sostenidos por tenantes, campean en la fachada, a un lado Francisco de los Cobos y a otro María de Mendoza, colocados sobre sendos catafalcos…”

Una violinista apreciadora del Arte no es menos buena fotógrafa. Siempre dispuesta a sacar su Nikon en cualquier parte del mundo adonde le llevara la música. Ella llamaba “estampas” a esas fotos que luego en su casa atesoraba con el placer de la revisión. En la plaza tiró de cámara. Cuando comprobó la foto en su propio visor se quedó paralizada. El zoom al máximo sobre la piedra le reveló miles de pequeñas calaveras que la miraban con ojos vacíos y desdentadas sonrisas. Se acercó a los sillares para no ver nada. La pantalla le mostraba las calaveras que no existían en la piedra.

Tras el viaje, en su propio hogar, encargó una impresión de la foto de tamaño gigante para comprobar que no se veía ningún cráneo, sólo cuando abría la cámara y contemplaba aquella foto que hizo aquel día en Úbeda, por eso, esa noche soñó. Soñó que por esos cerros viene volando, viene volando su imaginación que dice…

 

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