Escraches

Por Rafael Sanmartín Ledesma.

EscrachesHan puesto de actualidad una palabra tan olvidada, que hasta el ordenador se negaba a escribirla. Por primera vez una palabra correcta en sus labios, para definir una situación/actuación absolutamente incorrecta: la de ustedes. Recuerde los versos de Niëmoller con que les han contestado muy correctamente, Sra. de Cospedal. Que, pese a ustedes, la mayoría sigue actuando pacíficamente. Que después de utilizar violencia institucional para dejar a la gente sin vivienda (y no sólo por los numerosos desahucios bancarios, hay más abusos también fomentados por su gobierno); que después de
responder a palos a las protestas contra una situación gravemente injusta, provocada únicamente por la voracidad especulativa que su gobierno protege como parte interesada; que después de empobrecer al país para “cumplir los compromisos contraídos con la U.E.” (¿Para qué queremos esa UE y sus compromisos), que luego incumplen cuando no son favorables a la avaricia bancaria… que después de todo lo que estamos sufriendo, acusen de provocar violencia a quienes revientan porque ya no pueden más, porque ya no les queda nada que perder, sólo es una muestra, una sangrante muestra de su falta de escrúpulos. A lo mejor sólo es añoranza; a lo peor no pasa de amenaza encubierta de recuperar la “Grisapo”. Señora Cospedal: no corrimos delante de aquella policía para esto, después de sufrir lo que nos están haciendo.

En una cosa tiene razón, María Dolores: esto tiene bastante semejanza con aquello. Después de forzar el empobrecimiento, como en la Alemania nazi la violencia se practica brutalmente contra los más débiles; se castiga el deseo, legítimo y legal, de vivir dignamente, de habitar la vivienda que ustedes nos niegan, de comer todos los días, de vestir. Lo que les está ocurriendo es poco, comparado con lo que ustedes están haciendo. Decirlo no es apología, es constatación. Y, para colmo, se permite aplicar el término “nazi” una definición por la que, si no hay grave error, ha sido condenado algún comentarista. Pero la utiliza sin recato. Será el hábito, la costumbre, el fatal disparate de creerse por encima de las leyes a las que no se consideran obligados, como el Saló en que están dejando este territorio.

Con amenazas no se resuelve ningún problema. Podrán continuar obedeciendo a la UE en todo cuanto perjudique al pueblo y haciéndose los sordos en todo cuanto pueda mermar el beneficio bancario. Pero no se crean inmunes, aunque por ahora sean impunes: todo tiene límite. Ni con represión. Podrán devolvernos a la policía de Franco, a la que añoran -si hay policía dispuesta a volver a aquellos métodos, para proteger abusos-. Ni con su permanente intento de callar a la prensa. Matar al mensajero siempre fue el mejor medio de enconar posiciones y agravar la situación. No mire tanto a quien informa, mire a quien perjudica, a la desesperación que ya ha provocado muertes, por lo visto incapaces de mover su sensibilidad. Acallar la información, sueño de toda dictadura, fue practicado sin éxito por Franco. Si la avaricia no les obcecara, disminuirían el lastre de viviendas vacías. Si practicaran un poco de dignidad, castigarían a quienes las mantienen vacías, no a quienes las necesitan.

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