¿Derecho a la vivienda?

Por Rafael Sanmartín Ledesma. Con L de Libertad.

ViviendaHabrá que buscarse un piso de la Sociedad Pública de Alquiler. De prisa, a ver si es posible alcanzar un sueldo de 4.000/5.000 €/mes. Es la buena noticia de la S.P.A, quien, ante la anunciada subida a los precios de sus alquileres, afirma ”que los inquilinos pagan menos del 25% de su sueldo”. Lo que no se entiende es que vivan de alquiler con esos ingresos. Allá cada cual.

La SPA, en vez de contribuir a facilitar el acceso a la vivienda, se acaba de inventar unos sueldos que ya quisieran tener sus arrendatarios. Sus arrendatarios y muchos más. La SPA podría –debería- controlar el mercado, en beneficio de un Derecho Constitucional. Pero en vez de facilitar el acceso a la vivienda, hace tarifa de “lo que cobra fulano”, adornado con el eufemismo de “adaptarse a la realidad del mercado”. Una realidad plena y solamente especulativa, a la que ahora la SPA pretende dar carta de naturaleza. Si cualquier “loco” (habrá que estarlo para no especular) le diera por bajar precios. ¿Bajaría entonces la SPA, o pediría su encierro por “romper la tendencia del mercado”?

La “tendencia del mercado”, único y especulativo argumento en que basar unos precios dislocados, están siendo, también, la ruina del mercado. Aunque sus beneficiados resistan numantinamente, sin recordar aquello de la ambición y el saco. El sueldo medio está muy por debajo de la cifra supuesta por el público organismo; y, objetivamente, aparte el interés de una parte, nadie puede pagar un sueldo, ni un 90%, ni un 80% por la vivienda. Es más: quien se ve sin vivienda por no poder afrontar una cuota de 1000 ó 900 euros, tampoco puede hacer frente a 700. Los propietarios particulares pueden ser muy dueños de exigir en su beneficio. Pueden ser. Pero la Administración no debe fomentar la especulación, sino procurar vivienda a todos, aunque compita con los privados, pues el Derecho debería primar sobre el interés librecambista.

Este cambio de ciclo que, al fin llaman crisis, después de ser forzado a pasar por simple “desaceleración”, parece dispensar sólo a sus más directos responsables. Como si todos debieran sufrirlo, menos la especulación que lo ha creado, y pescadores en río revuelto, especuladores de menor talla, devoradores de tallas mínimas. El alquiler, alternativa a la imposibilidad de comprar vivienda, viene a cerrar el círculo al impedir el constitucional e ignorado derecho a habitarla. La Ley hecha para proteger el interés del arrendador, ha posibilitado una disparatada subida para beneficio de una parte, aunque sin beneficio real durable, y ha convertido al arrendatario en víctima y nómada.

Desde la llegada del euro y la bajada de los tipos, la vivienda ha subido en torno a un 3.000%. Anunciar “oportunidades”, con un 15% de descuento sobre esos precios archi abultados, es mucho más una burla que una oportunidad. Una aplicación proporcional a la vida diaria de la subida de precios en la vivienda, sería responsable de una revolución por hambre. ¿Sería el beneficio del productor suficiente argumento para que un kg. de garbanzos costara 60€? ¿Para que una camisa de calidad baja costara 700€? Todo pequeño empresario precisa “algo más” de cuarenta horas semanales de trabajo; realiza una inversión y corre un riesgo. El arrendador, en cambio, -con el exclusivo argumento de “lo que cobra el vecino”-, exige pingüe beneficio, ningún riesgo y, las más de las veces, ni siquiera inversión, pues los mismos precios son comunes a viviendas recién construidas y a las ampliamente amortizadas que, en su momento, costaron el equivalente a menos de 30.000 euros.

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