La tradición de las ‘Lumbres de San Antón’

Manuel Ochando Ortiz

Presidente del Instituto Almenara para el progreso y el desarrollo de Andalucía.

Las tradiciones nos llegan casi siempre desde la más remota antigüedad, adaptadas e interpretadas según el momento político, social o religioso de cada época. Esconden su remoto origen a la mayoría de las personas. Y sólo los muy avezados o estudiosos, algunas veces, consiguen dar con el verdadero origen de su tradición. Origen que pondrá al descubierto el mensaje o nervio central de la misma.

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Lumbre de San Antón en Jaén

Así las romerías que los hombres del Neolítico hacían hasta sus recintos sagrados, sus dólmenes, siguieron haciéndose en época cristiana hasta sus Santuarios. La iglesia cristianizó estas romerías masivas y paganas que los devotos seguían haciendo, a fin de que sin matar su tradición romera, lo siguieran haciendo, pero ya con el credo y bajo la protección de la nueva fe cristiana.

En Jaén capital y en otros pueblos de Andalucía como Torredelcampo, Loja, etc. hay una tradición, ya milenaria que hunde sus raíces en la Alta Edad Media. Esta tradición es la de las “Lumbres de San Antón”.

Hoy es una fiesta cristiana, de San Antón patrón de los animales, pero su tradición es de origen andalusí. Veamos cómo se gestó: Tras ser proclamado Abd al-Rahmán III emir de al-Ándalus en el año 912, centró todos su esfuerzos en acabar con la guerra civil que asolaba Andalucía y todo al-Ándalus. En el espacio de tiempo que va desde el año 912 al 929 pacificó todo el reino, estabilizando las fronteras al sur y al norte del país. Su poderosa escuadra controlaba el Mediterráneo occidental, y mediante hábiles alianzas con tribus del Magríb, puso un freno al expansionismo Fatimí que amenazaba la estabilidad Andalusí.

En el año 929 sumadas ya las fuerzas andalusíes en un proyecto común en torno al gran líder andalusí, y para contrarrestar la iniciativa religiosa de los fatimitas que habían proclamado su califato, Abd al-Rahmán III se proclamó califa (jalifa) de al-Ándalus. El historiador Reinhart P. Dozy nos lo cuenta así:

Abderramán ordenó, pues, en el año 929, que desde el viernes 16 de Enero se le dieran en las oraciones y actos públicos, los títulos de Califa, de Príncipe de los Creyentes, y Defensor de la fe: Annacir lidini´ llah”. Al-Nasir li-din-Allah: El vencedor por la religión de Dios.

La crónica de Ibn Hayyán nos dice:

En este año (929) ordenó al-Nasir li-din-Allah que se le llamase en las cartas al él dirigidas y se le invocase en los mimbares con el título de “Prícipe de los Creyentes”, por cuanto era digno de esta denominación que en realidad era sólo suya y en cualquier otro plagiada y postiza.”

Abd al-Rahmán III, para que esta efemérides fuera recordada mandó que en la noche del 16 de Enero del año 929, y en los sucesivos años, ese día, se encendieran lumbres en todos los lugares de al-Ándalus. La orden dada por el primer califa andalusí, fue respetada por su hijo y sucesor al-Hakám II, y por su nieto Hixam II y su hagib Almanzor (al-Mansur Abí Amir).

En el año 1031 se da por disuelto el califato andalusí, dando paso a los reinos de Taifas, o banderías. Habían pasado ya ciento dos años. La orden que diera Abd al-Rahmán III se había hecho costumbre; como suele decirse la costumbre se hizo ley. Siguió durante siglos en las distintas etapas por las que pasó al-Ándalus: Reinos de Taifas, Almorávides, Almohades, y finalmente el reino de Granada. Lo que quedaba de al-Ándalus.

Tras su conquista por los Reyes Católicos, a esa tradición antiquísima, en la fecha en que se daba se le aplica la fecha del santoral cristiano, y continua en muchos pueblos cristianizada la tradición andalusí de las lumbres que conmemoraban el advenimiento del califato andalusí. Tradición que se ha perdido en numerosos lugares, pero que afortunadamente en otros como es el caso de nuestra ciudad de Jaén, al día de hoy se ha conservado.

En mi ya lejana niñez éramos los zagales chicos y grandes los que buscábamos los “tirajitos” (madera y material combustible de diversas clases) para abastecer a las lumbres. Por aquel entonces la más famosa era la que hacíamos en el barrio de la Alcantarilla.

Es curioso y lo hago constar, como nuestras autoridades, de diverso signo político, no se han ocupado de realzar esta vieja tradición giennense, preparando unos espacios adecuados en los distintos barrios para hacer las lumbres. Hoy por ejemplo ya sería imposible hacerlas en el lugar en que se hacían en la Alcantarilla. En cambio en Valencia sus cremás si que las siguen haciendo dentro de la ciudad, supongo que será porque han adecuado los espacios para ello.

También veo que se le está dando más importancia a la carrera de San Antón que a las Lumbres. Creo que dicha carrera se debía de programar en otra fecha, y dejar la del 16 de Enero para centrarse en la tradicional fiesta de las “Lumbres de San Antón”, con sus melenchones y su jornada tarde-nocturna de convivencia entre los vecinos de nuestra ciudad.

Esperemos que sepamos conservar en su esencia, y en su fecha, 16 de Enero, sin que se pierda la tradición de las Lumbres de San Antón, patrimonio incuestionable de todos los giennenses.

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