Despidos

Por Rafael Sanmartín Ledesma.

paro-andaluzSi lo hubieran pensado antes, se forran. Mira que son lentos. O que la insensibilidad e indolencia les tiene marcados y es mucho más grave de lo que se pensaba. ¿Cómo no se les ha ocurrido antes, con el pastón que habrían sacado? Con seis millones de parados (SEIS) y miles de indemnizaciones por despidos de la brutal concentración bancaria, Hacienda tendría las arcas a rebosar. ¡Anda que no podrían permitirse mariscadas y cursos de “coloración del plátano”, o similares, para necesitados de solaz en las afortunadas, intelectos que han hecho la Carrera de San Jerónimo, en su licenciatura de “no-dar-golpe-ni-para-defenderse”.

Claro, menos mal que la medida “estimula el crecimiento económico” ¿de quien? ¿de qué? Lo que seguro no estimulan es el crecimiento de neuronas. Montoro y Ferré, vuelven a burlarse, a tomarnos por tontos con sus tontos juegos de palabra, cada vez menos ocurrentes. Así que los despedidos, a partir de ahora, se van a volver locos comprando “loquesea”, para activar el consumo. Especialmente gastando –solidariamente, faltaría más- el porcentaje que Hacienda les sise de su finiquito. Mejor sería despedirlos a ellos y repartirnos su suculenta dote económica. Que seguro algo nos llega a todos.

ParoLa reforma aún está por ver, pero no está mal adelantarse por la dificultad para confiar en un gobierno que cree poder tapar cada mentira con otra más grande.Medidas hay, que ayudarían a animar el mercado (el local, el doméstico, el que verdaderamente marca la riqueza o pobreza de un país), como, por ejemplo, potenciar la industria; facilitar la exportación; abaratar la compra y alquiler de viviendas, en vez de aplicar la actual política restrictiva y protectora de la especulación y practicarla. Premiar los precios normales, eximiéndoles de impuestos y gravar los precios altos, disparatados, que ahora son los protegidos por el favoritismo otorgado a los especuladores privados. La industria crea valor añadido, por encima de cualquier otra actividad, seguida por el comercio y los servicios. Favorecer el despegue del comercio local, en vez de facilitar la entrada de grandes cadenas forasteras, europeas y mundiales, posibilitar crédito barato –incluso concediéndolo, al margen de la banca-, que permita mantener las empresas locales, en vez de caer en manos de las foráneas, laboraría a favor de la economía interna y ayudaría eficazmente a superar la crisis. Pero eso no entra en los monopolistas presupuestos mentales de los grandes y, en consecuencia, no está en la mente de los miembros del Gobierno ni de cuantos tienen alguna responsabilidad en sus decisiones.

Si no se ve siquiera un principio de voluntad en arbitrar soluciones ciertas, con la intención de salir de esta situación en que nos han metido, resulta imposible confiar en quienes, simplemente, se limitan a vivir de nuestro dinero. Menos meter las manos en las cuentas; menos quedarse los saldos por pequeñas deudas subjetivas, menos actuar de juez y parte y más compromiso con las necesidades de la mayoría. Eso es lo único capaz de generar confianza. Lo harían si tuvieran interés y menos compromiso con quienes de verdad manejan y deciden sobre la vida y la muerte en el mundo.

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